Proceso evolutivo del ser humano

Gráfico de la línea de tiempo de la evolución humana

La evolución se produce cuando hay cambios en el material genético -la molécula química, el ADN- que se hereda de los padres, y especialmente en las proporciones de los diferentes genes en una población. Los genes representan los segmentos de ADN que proporcionan el código químico para producir proteínas. La información contenida en el ADN puede cambiar mediante un proceso conocido como mutación. La forma en que se expresan determinados genes -es decir, cómo influyen en el cuerpo o el comportamiento de un organismo- también puede cambiar. Los genes afectan a la forma en que el cuerpo y el comportamiento de un organismo se desarrollan durante su vida, y por eso las características heredadas genéticamente pueden influir en la probabilidad de supervivencia y reproducción de un organismo.

Procónsul

La evolución humana es el proceso evolutivo dentro de la historia de los primates que condujo a la aparición del Homo sapiens como especie diferenciada de la familia de los homínidos, que incluye a los grandes simios. Este proceso implicó el desarrollo gradual de rasgos como el bipedismo humano y el lenguaje,[1] así como el mestizaje con otros homininos, lo que indica que la evolución humana no fue lineal sino un entramado[2][3][4][5].

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En el estudio de la evolución humana intervienen varias disciplinas científicas, como la antropología física, la antropología evolutiva, la primatología, la arqueología, la paleontología, la neurobiología, la etología, la lingüística, la psicología evolutiva, la embriología y la genética[6][7] Los estudios genéticos demuestran que los primates se separaron de otros mamíferos hace unos 85 millones de años, en el Cretácico Superior, y los primeros fósiles aparecen en el Paleoceno, hace unos 55 millones de años[8].

Dentro de la superfamilia Hominoidea, la familia Hominidae (grandes simios) divergió de la familia Hylobatidae (gibones) hace unos 15-20 millones de años; la subfamilia Homininae (simios africanos) divergió de Ponginae (orangutanes[a]) hace unos 14 millones de años; la tribu Hominini (que incluye a los humanos, los australopitecos y los chimpancés) se separó de la tribu Gorillini (gorilas) hace 8-9 millones de años; y, a su vez, las subtribus Hominina (humanos y ancestros bípedos extintos) y Panina (chimpancés) se separaron hace 4-7 millones de años. [9][10]

Ardipithecus

En 1859, 14 años después de la fundación de esta revista, Charles Darwin publicó el libro científico más importante jamás escrito. El origen de las especies revolucionó la comprensión del mundo natural por parte de la sociedad. Desafiando el dogma victoriano, Darwin argumentó que las especies no eran inmutables, cada una creada especialmente por Dios. Más bien, la vida en la Tierra, en toda su deslumbrante variedad, había evolucionado a través de la descendencia de un ancestro común con modificaciones por medio de la selección natural. Pero a pesar de todas las brillantes reflexiones de Darwin sobre los orígenes de las hormigas y los armadillos, los murciélagos y los percebes, hay una especie que queda notablemente olvidada en el gran libro: la suya propia. Del Homo sapiens, Darwin sólo hace una mención de pasada en la antepenúltima página del tomo, señalando tímidamente que “se arrojará luz sobre el origen del hombre y su historia”. Eso es todo. Eso es todo lo que escribió sobre la aparición de la especie más importante del planeta.

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No fue porque Darwin pensara que los humanos estaban de alguna manera exentos de la evolución. Doce años más tarde publicó un libro dedicado a ese mismo tema, La descendencia del hombre. En él explicaba que hablar de los humanos en su anterior tratado sólo habría servido para prejuzgar aún más a los lectores contra su idea radical. Sin embargo, incluso en esta obra posterior, no tenía mucho que decir sobre los orígenes humanos en sí, sino que se centraba en argumentar, a partir de la anatomía, la embriología y el comportamiento comparativos, que, como todas las especies, los humanos habían evolucionado. El problema era que en aquella época apenas había registros fósiles de humanos que aportaran pruebas de etapas anteriores de la existencia humana. Por aquel entonces, “lo único que se sabía era lo que se podía razonar”, dice el paleoantropólogo Bernard Wood, de la Universidad George Washington.

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